jueves 11 de diciembre de 2008

EL AFTER-HOUR CULTURAL



Música, gente, ruido, borrachos, detenidos, peleas y trasnoche. De eso se trata la plaza actualmente. Pero, ¿qué pasaría si les cuento que hace nueve años atrás se combinaba carrete con cultura?

Artesanos, competencias de ajedrez, obras de teatro, comida típica chilena, recuerdos de chile, puestos con dulces, jugos, lugares para pintarse la cara, juegos y un castillo inflable. Eran una de las cosas que uno podía ver los domingos entre los meses de octubre y diciembre en 1999.

Reconstruyamos el lugar en 1999. Foto de un sábado en la noche en la plaza es ver mucha gente haciendo filas para entrar a las discos, tomando sus mamaderas o haciendo desorden. Peleando por cualquier cosa (efectos del alcohol), fumándose un pitito, gritando y bailando hasta el amanecer. Se cierran los lugares y empieza a salir el sol.

Cuando ya es de mañana, las personas empiezan a llegar para preparar sus puestitos en la feria, cada uno con su espacio. A las once abren. Empiezan a llegar familias de distintos lugares de Santiago para poder pasar una linda tarde familiar entretenida y al mismo tiempo cultural. Los niños se pasan a pintar las caras, van a probar los juegos. Van a ver las obras que se están presentando, compran distintos tipos de artesanías que venden. Pensar que la noche anterior el lugar era todo lo contrario. Carrete, adolescencia y mucho alcohol. De la noche a la mañana se cambió por obras, juegos y juguitos.


Los vecinos de la plaza son los principales testigos de lo que pasa todos los días en el lugar. ¿Qué más agradable que despertarse en la mitad de la noche por el ruido y las peleas? Pero también cuentan de cómo era la plaza cuando no era puro carrete. “Ese año fue genial. Me asomaba por la ventana y veía la plaza llena de niños con sus familias riéndose y pasando un momento agradable. Se notaba preocupación por la cultura y no se veía la plaza solo como un lugar para carretear como ahora”, cuenta Margarita, una vecina.

“O sea, fíjate. Uno mira la plaza ahora los domingos y está muerta. Pasan algunas micros, gente caminando, pero ya no viene nada de gente. Igual los entiendo, para qué van a venir si no hay nada que hacer. Lo único que hacen acá son las fiestas durante toda la semana, es impresionante el cambio, la actividad que se ve en la plaza en la noche y en el día. La noche repleta de personas, colas para entrar a las discos y en el día con suerte pasa un angelito”.

Pero como dice el dicho, de lo bueno poco. La feria que había en la plaza, siempre se supo su fecha de término. Empezaba en octubre y terminaba en diciembre. Dos meses dedicados a la cultura. En los diarios no era noticia el carrete en la plaza, era noticia la obra que se iba a estrenar en el domingo cultural, esperando qué sorpresa traería esta vez Marta Ehlers, la alcaldesa de ese tiempo.

“Independiente del éxito que estaba teniendo la feria, y que en su tiempo escuché rumores de que quizá iba a durar un tiempo más, sabíamos que no iba a durar mucho más. O sea, sí, trae alegría al lugar y le da una imagen distinta al conocido centro de carretes, pero con esa feria la comuna no ganaba plata. Las discos le dan artos ingresos a la comuna, si pagan impuestos y no creo que sean muy baratos”, cuenta Tomás, otro vecino.

Ahora cuando las personas pasan el domingo por la plaza se encuentran con un lugar totalmente muerto. Hay un par de personas sentadas en las bancas conversando. Los que no faltan son los fieles asistentes que no les basta con carretear toda la semana, gente mayor que siempre están tomando. Claro que no toman cualquier cosa, su buen vino tinto en caja y ahí pasan sus domingos borrachos con sus compadres.

Aunque fue una buena propuesta y tuvo éxito esos dos meses de vida, la plaza sigue viviendo no por sus buenas ideas e innovaciones, vive por el carrete y eso es lo que la caracteriza. Poner una feria de vez en cuando puede ser una distracción, pero lo que gana en el territorio son las fiestas y mientras las discos sigan en ese lugar, las noches en San Enrique van a seguir siendo vivas. Las ferias pudieron darle un cambio de aire y tratar de cambiar la imagen un tiempo.

"La feria fue linda mientras duró, la plaza tenía mucha vida de día. A veces me iba a dar una vuelta con mis hijos para que se entretuvieran un rato y se despejaran. Para que tuvieran un domingo distinto. Pero esta plaza siempre va a existir por las discos que hay acá. O sea, sin ellas, nadie la conocería y estaría muerta día y noche", dice Marcela.

jueves 16 de octubre de 2008

CUICOS Y FLAITES DEFIENDEN SU TERRITORIO


La intención de ir a carretear a una de las discos de la plaza es pasarlo bien un rato con los amigos. Cuando las distintas clases sociales se juntan, no siempre se consigue lo que se buscaba.

No es extraño que los viernes y sábados en la noche al finalizar los carretes en la plaza haya peleas. En un bando están los de clase alta y por otro los de clase baja, que viven en las poblaciones de la cercanía. No sólo cuando se cierran las discotecas, muchas veces son expulsados del lugar por estar peleándose.

Manoplas, cortaplumas, botellas y cuchillos son algunos de los objetos que usan para defender su territorio. “Una vez estaba saliendo de la Pop Art y apareció un flaite, agarró a un amigo se lo llevó a los estacionamientos y le sacó la cresta, le pegó con una manopla y amenazó con matarlo. La pelea fue sólo porque mi amigo sin querer lo pasó a llevar adentro, yo creo que estaba jalado.” Cuenta Tarek. Las peleas son con una brutalidad desmedida y todo por dejar claro quién es el que manda en el lugar. Aunque los dos bandos van con el propósito de divertirse, un simple contacto puede terminar con la fiesta.

Sin justificar la reacción de este adolescente, ellos se sienten discriminad
os cuando van a la Plaza San Enrique. “Los cuicos creen que este lugar es de ellos y que nosotros no tenemos derecho a venir, o bailar con minas lindas igual que ellos. Si nos buscan, les vamos a pegar para que aprendan a no meterse con nosotros. Pero si no nos provocan no pasa nada, de hecho, he conocido artos cuicos buena onda, derepente nos fumamos unos pitos juntos, ja, ja, ja” cuenta Cristofer.

En la disco La Playa es donde más van los que tienen problemas económicos. Es la más barata y donde más cómodos se sienten. No los discriminan tanto como en los otros lugares, no los revisan y los dejan entrar siempre. También uno se puede encontrar con los de clase alta. Los que no quieren discriminar y sólo van a pasarlo bien sin pensar en que les van a robar o pegar. “Igual es rico agarrarse a una flaite de vez en cuando, son más de piel, son mucho más cariñosas que mis amigas” dice Camilo mientras se ríe, pero también cuenta que ha tenido problemas porque no siempre saca a bailar a la indicada. Pero esto no hace que él deje de ir a La Playa.

El caso de Sala Murano es distinto. Ahí sólo van las personas de clase alta o los que pueden pagar cerca de cinco mil pesos para carretear. Muchas veces no dejan entrar a los que se ven más desastrosos o los que están muy curados. Prefieren evitar problemas así el prestigio del lugar no se cae. Aquí no se mezclan las clases sociales, pero no se pueden evitar las peleas que hay a la salida por algún comentario o una cruzada de palabras con alguien que esté pasando por ahí.

“Si yo estoy carreteando en una disco y hay flaites que pasan inadvertidos, me da lo mismo. Si se nota que son muy flaites me dan risa cuando tratan de sacar a bailar a las pelo lais.” Dice Belén, que muchas veces se ha encontrado con jóvenes de peor situación económica en los mismos lugares que ella.

Tratar de terminar la noche en paz muchas veces se les hace difícil. El estado de ebriedad que hay en los lugares es alto. Mucha cocaína y marihuana de por medio. Afuera de los lugares se fuman un pito para entrar con más personalidad. Otros jalan para estar duros y así olvidarse de los problemas y después si tienen peleas pueden “ganar” con mayor facilidad.

Es por esto que todas las noches tienen que aparecer los carabineros. Tratan de que no pase nada, pero es imposible evitar las peleas entre tanto curado. Se encuentran con peleas terribles, se tienen que llevar detenidos a veces por haber dejado inconciente a otro, por estar consumiendo drogas y alcohol en la calle, haciendo desórdenes, etc.

Si se busca un ganador de este enfrentamiento de clases no se va a encontrar. Por un lado en las peleas ganan los más fuertes y experimentados, que en este caso vienen a ser los de clase baja, más de calle y acostumbrados a estas situaciones. Pero en el caso de los “niños bien”, ellos tienen acceso a todos los lugares y no les ponen inconveniente. En las peleas en el momento de llevar detenidos, no se inclinan por ellos. Mientras existan lugares con este tipo de ubicación, como lo es la Plaza San Enrique, que une dos mundos distintos y mundos que no aceptan las diferenci
as, vamos a seguir presenciando este tipo de enf
rentamientos.

"SI PUDIERA CAMBIARME, LO HARÍA"

“Lo mejor de vivir cerca de la plaza es que tengo el carrete al lado, no tengo que salir en auto así que puedo tomar todo lo que quiera y vuelvo a la hora que quiero, me queda al lado” afirma Ignacio de 18 años que disfruta de vivir cerca de la Plaza San Enrique. Por otro lado, los adultos. “Se llena de curados, la música la siento toda la noche y lo peor es cuando se terminan las fiestas, se pueden escuchar los gritos y peleas de los jóvenes ebrios que salen de los lugares” afirma Rosa, la empleada de una de las casas de la cercanía.

Ambos lados coinciden en que la ubicación del lugar es bastante agradable. Está cerca de el paradero, radio taxis, hay pastelerías, un mini market, quioscos y otros locales. De día admiten que es bastante tranquilo, que parece un lugar completamente distinto a como es en la noche, casi irreconocible.

Los adultos llegan a sus casas del trabajo cansados. Lo único que piensan es en descansar. A las 4:00 am se despierta casi todos los días la señora María Paz. Admite tener sueño ligero y que por eso está cansada la mayoría de las veces, sin embargo, con lo que más sufre es con la hora de salida de las discos. “Tení que tener cuidado afuera a esa hora de que no te roben cosas del auto. Se estacionan por acá a veces. Y los mismos cuidadores son los que terminan robándote”. Se queja de que cada vez que terminan las fiestas y los jóvenes se devuelven a sus autos hacen mucho ruido. Van cantando, saltando, gritando. A veces escucha peleas, las minas gritando para que no le peguen a sus amigos y de repente botellazos. “Hacen desastres en todos lados, no se puede estar en paz de noche por acá, especialmente los fines de semana que abren todas las discos.”

Para Ignacio no todo
es agradable. Las veces que no carretea sufre al igual que sus vecinos. Afirma que el ruido a veces no lo deja dormir y que siente las peleas y a los curados gritar y molestar en la calle y que incluso a veces, cuando se despierta “te encontrai con desmanes afuera de la casa, es asqueroso.” También afirma que de vez en cuando pelea con su mamá porque él quiere salir a carretear, pero, como su mamá conoce el ambiente y en lo que terminan las fiestas le cuesta mucho que le den permiso.

Valentina tiene dos hijos. “Si pudiera cambiarme, lo haría”. No tiene plata suficiente para cambiarse a un lugar más tranquilo. Sus hijos, felices. Les encanta tener lugar para salir cerca, sin necesidad de andar buscando vuelta. “Siempre algún amigo se queda a dormir acá, cuando no tienen vuelta o para que no le pongan atados en la casa, mejor se quedan aquí.” De repente tienen peleas entre los papás y los hijos por los horarios y por el ruido. Los padres preocupados de que no se metan en peleas y los hijos sólo pensando en pasarlo bien y que si hay pelea mantenerse al margen. “Nos encanta vivir acá, es bacán, tení todo cerca, no te falta nada.”

De lunes a sábado abren las discos. No todas abren siempre, pero el ruido, borrachos, peleas no faltan. Suficiente con la música que despierta a muchos del sector. Sin embargo se resignan, se cambiaron de casa conciente de lo que pasaba en el lugar, claro que nunca pensaron que se iban a encontrar con tanto carrete seguido. Le miran el lado positivo. La intersección de las calles que hay, la plaza une tres lugares: Las Condes, El Arrayan y Lo Barnechea. A esto mismo se le agrega la mezcla entre el sector bajo de Barnechea con el sector más alto. Los jóvenes con un mismo fin: Carretear. Esta mezcla no es completamente sana. También trae consecuencias graves, son las principales causas de peleas los fines de semana.

LÁGRIMAS CRIMINALES


No es de los típicos ladrones que llegan y te sacan la cartera y se van corriendo. Tampoco recurre al método de la intimidación, lo que sí hace es dar pena. No encontró otra forma más original que ponerse a llorar cuando va a robar. Lo malo: las personas se compran el cuento y las que no, también son víctimas.

Si un joven de 17 años se te acerca haciendo el ridículo, llorando como si tuviera dos años y le hubieran quitado un dulce, diciendo que tiene que llevar plata a su población o lo van a matar, elije la opción B. ¡QUE LO MATEN POR MENTIROSO! Es un invento para asaltar a las personas. Claramente, no todas las personas no le creen y deciden no desperdiciar su plata en algo tan falso, sin embargo, el niño tiene otro paso. Asaltarlos.

Se para en las esquinas de la plaza y en la bomba de bencina, mira, busca su víctima y le cuenta la historia. “Disculpe, no es mi intención asustarla, no soy un delincuente sólo necesito plata porque en la población me van a matar” es una de sus frases típicas. Después viene el llanto para ser más convincente. Si no le da resultado, asalta. Y cuando hay más gente alrededor, no asalta, busca otra víctima que se deje convencer con su trágica historia.

Historias relacionadas con El Llorón
Hace un par de semanas, seis adolescentes (Nicole, Ignacio, Víctor, María Ignacia, Cristián y Andrea) casi fueron víctimas de este ladrón y su pandilla. Ellos estaban en la casa de Víctor celebrando el cumpleaños de su mamá, cuando el teléfono sonó varias veces a eso de las 02:00am. El teléfono registraba las llamadas entrantes y para ver de dónde venía el número llamaron para preguntar de quién era. La llamada venía de un teléfono público. Fueron a ver si era el de la Terpel.

Cuando llegan al lugar, se llevaron la sorpresa de que el teléfono estaba trancado (otra de las pillerías para asaltar, se ofrece ayuda con el aparato y luego el atraque), había una moneda o algo atascado. Víctor fue solo a usar el teléfono y en esas llega El Llorón, se le acerca con las manos en los bolsillos, usaba un polerón rojo con blanco de marca, con la capucha puesta, jeans y zapatillas. Le habla primero ofreciéndole ayuda, y después se pone a llorar y le cuenta su “trágica” historia. Nunca se saca las manos de los bolsillos.

Los otros amigos de Víctor lo estaban esperando en el auto, cuando se dan cuenta de que se les acercó este personaje lo enfrentan. Cristián tenía un cuchillo y se lo muestra al llorón, Ignacio le pregunta si acaso tiene algún problema, ahí es cuando el llorón se intimida y decide irse. Pide perdón si es que estaba molestando y se desaparece en un par de segundos del lugar. Más tarde llamaron a los carabineros y les contaron su historia, ya la habían escuchado un par de veces antes. Dijeron que las llamadas a veces las hacen de aburridos, igual que estar rompiendo ventanas de los autos, pero que la técnica de la moneda y el llanto se les hacía familiar. En un par de horas, nuevamente, detuvieron al llorón.

Belén también tuvo doble experiencia con él. Caminando a su casa se lo encontró. Al principio no pensó que se le iba a acercar, se veía muy bien, no estaba llorando, movía mucho los brazos, se vestía bien. Cuando se le acercó vio que empezó a hacer gestos extraños y pucheros. Le contó la historia de que lo van a matar si llega sin plata a la población. Ella no le dio, por suerte él siguió su camino. A ella le llamó la atención y lo siguió con la vista, y se percató de que a penas le dijo q no tenía plata, dejó de llorar y siguió caminando normalmente con la cabeza hacia arriba.

La segunda vez que se lo topó fue en el mismo lugar. Pero esta vez él había hablado primero con otro vecino, Cristóbal. Belén lo reconoció por su actuación, ya conocía la historia, después hablando con Cristóbal se dio cuenta de que a él le había dicho exactamente lo mismo y éste fue quien le contó que
es un ladrón y es su forma de asaltar.

DOÑA TINA: SU ÉXITO Y CONSECUENCIA DE SU ANALFABETISMO

Estafas, derrotas y clausuras han tenido que superar Agustina Gómez y su familia para hacer que el restorán Doña Tina sea lo que se ve hoy: un lugar exitoso, acogedor y con aires de progreso.


Parece una entrada como cuento de hadas, todo en buen estado y muy cuidado, manteniendo siempre vivo el verde y la combinación con las rocas. Escondido detrás de una muralla de piedras y entre árboles y matorrales se ve una escalera de piedras que llega hasta la entrada del lugar, piso de tierra y sobre un cerro, ahí en Los Refugios se encuentra el famoso Doña Tina. Adornado con plantas y enredaderas por todos lados. Cientos de mesas de madera y sillas, en un lado manteles floreados, por el otro unos blancos.


Pasó a ser de una casa chica, donde los integrantes de la familia tenían que saber acomodarse, a un gran restorán. Está divido en ambientes para todos los gustos. Uno muy acogedor como sintiéndose en casa. A veces con música en vivo, otro para los que les gusta contaminar sus pulmones, Zona Fumadores y por último uno para los amantes de la naturaleza, sentir que están de pic nic dentro del lugar, el sector que está afuera. Rodeado por verdes enredaderas y rosales que hacen que el aroma del lugar sea más agradable.

La creación de este restorán, que es tan antiguo y recurrido como la misma plaza, fue algo que no se planeó. Empezó vendiendo pan y sopaipillas, de a poco empezó a tener éxito y decidió cocinar pastel de choclo. Como las ventas diarias iban creciendo, la demanda era muy alta, especialmente los fines de semana, pensó en dedicarse a la cocina. Con la plata empezaron a ampliar el lugar. Cuando ya tuvieron espacio suficiente lo transformaron en un restorán. Con el tiempo el lugar va creciendo, hoy ya tiene lugar para 300 personas.



No todo fue fácil. Aparte de traerle muchas alegrías y de trabajar con toda su familia, siete hijos, quince nietos y seis nueras, han pasado por momentos desagradables. Los vecinos alegaban, no les gustaba que estuvieran ahí, por ello les clausuraron un tiempo el lugar, sin embargo, pudieron salir adelante. Llegaron a cambiar el sentido del tráfico para que las personas no pasaran por el restorán, pero nunca dejó de tener el éxito, que cada día crece.



La ingenuidad y buena disposición de la señora Agustina le jugaron en contra. Sin saber leer ni escribir pidió que le hicieran un cheque de 25 mil pesos, pero el muy cretino, le agregó unos ceros extra y lo hizo en ¡25 millones!

La suerte y el éxito no la acompañaron siempre. Cuando intentó buscar nuevos caminos, aquellos que la dejaran en lo más alto, pero fue todo lo contrario. Trató de instalarse en el Patio Bellavista y terminó perdiendo 28 millones. Como si eso fuera poco, trató en el “talentoso” Mall Sport, pésima inversión, 30 millones más a la basura. Y para rematar, un tercer intento en Av. Ossa que tampoco tuvo buenos resultados y terminó quebrando. Sin embargo, esta mujer soñadora no se da por vencida en conseguir sus sueños, a pesar de su edad, sus fracasos, las estafas por las que ha pasado, siempre con la fe por delante. Sus planes a futuro son poner pequeños puestos de comida, vender pan, empanadas, sopaipillas en distintos lugares de la capital.

Puede representa
rse como una heroína de los pobres, un ejemplo a los soñadores, un ejemplo en carne viva de que si alguien se propone algo puede lograrlo. Salir de la pobreza y agrandarse en otros aspectos. Aparte de trabajar en el Doña Tina, ha participado en diversas actividades gastronómicas. Cocinó una vez en canal 13, va a distintas universidades a dar pequeñas demostraciones, actualmente está haciendo clases de cocina para Chile Barrio en las cuales enseña las masas de pan, sopaipillas y empanadas. Ha asistido a eventos en municipalidades y dicta charlas en micro empresas. Afirma que no cocinaría para otro lugar, está muy conforme en su espacio y no siente la necesidad de hacerlo en otro.

Se podría pensar que estando cerca la plaza podría traerles alguna desventaja: robos, botellazos, tonteras de ebrios, pero nada de eso les ha pasado. Lo contrario, todas las personas respetan el restorán, es muy querido por las personas, incluso por los famosos. Don Francisco es uno de los clientes que suele ir a comer allá, Marcelo Salas entre otros.

Por el éxito que tiene y la fama muchos estudiantes van hacer trabajos sobre el lugar, sintiendo gran admiración por éste, queriendo sacarle el mayor jugo posible al lugar, sin malas intenciones porque se nota que es un lugar acogedor, donde se come bien y más encima se muestra lo que se logra con mucho esfuerzo y unión familiar. La señora Agustina asegura que van hartas niñas, sacan fotos lindas, juran mandar después el resultado final, pero nunca lo hacen.


Las personas que hayan pasado alguna vez por este hogar se habrán dado cuenta la buena mano y atención que existe. La comodidad y recibimiento es de algo que se preocupan mucho, no hay de qué quejarse. Al aire libre o adentro, comida fría o caliente, chilena o surtidos, lo que cualquier persona quiera está en el lugar. Para sentirse como en casa.