Música, gente, ruido, borrachos, detenidos, peleas y trasnoche. De eso se trata la plaza actualmente. Pero, ¿qué pasaría si les cuento que hace nueve años atrás se combinaba carrete con cultura?
Artesanos, competencias de ajedrez, obras de teatro, comida típica chilena, recuerdos de chile, puestos con dulces, jugos, lugares para pintarse la cara, juegos y un castillo inflable. Eran una de las cosas que uno podía ver los domingos entre los meses de octubre y diciembre en 1999.
Reconstruyamos el lugar en 1999. Foto de un sábado en la noche en la plaza es ver mucha gente haciendo filas para entrar a las discos, tomando sus mamaderas o haciendo desorden. Peleando por cualquier cosa (efectos del alcohol), fumándose un pitito, gritando y bailando hasta el amanecer. Se cierran los lugares y empieza a salir el sol.
Cuando ya es de mañana, las personas empiezan a llegar para preparar sus puestitos en la feria, cada uno con su espacio. A las once abren. Empiezan a llegar familias de distintos lugares de Santiago para poder pasar una linda tarde familiar entretenida y al mismo tiempo cultural. Los niños se pasan a pintar las caras, van a probar los juegos. Van a ver las obras que se están presentando, compran distintos tipos de artesanías que venden. Pensar que la noche anterior el lugar era todo lo contrario. Carrete, adolescencia y mucho alcohol. De la noche a la mañana se cambió por obras, juegos y juguitos.
Los vecinos de la plaza son los principales testigos de lo que pasa todos los días en el lugar. ¿Qué más agradable que despertarse en la mitad de la noche por el ruido y las peleas? Pero también cuentan de cómo era la plaza cuando no era puro carrete. “Ese año fue genial. Me asomaba por la ventana y veía la plaza llena de niños con sus familias riéndose y pasando un momento agradable. Se notaba preocupación por la cultura y no se veía la plaza solo como un lugar para carretear como ahora”, cuenta Margarita, una vecina.

“O sea, fíjate. Uno mira la plaza ahora los domingos y está muerta. Pasan algunas micros, gente caminando, pero ya no viene nada de gente. Igual los entiendo, para qué van a venir si no hay nada que hacer. Lo único que hacen acá son las fiestas durante toda la semana, es impresionante el cambio, la actividad que se ve en la plaza en la noche y en el día. La noche repleta de personas, colas para entrar a las discos y en el día con suerte pasa un angelito”.
Pero como dice el dicho, de lo bueno poco. La feria que había en la plaza, siempre se supo su fecha de término. Empezaba en octubre y terminaba en diciembre. Dos meses dedicados a la cultura. En los diarios no era noticia el carrete en la plaza, era noticia la obra que se iba a estrenar en el domingo cultural, esperando qué sorpresa traería esta vez Marta Ehlers, la alcaldesa de ese tiempo.
“Independiente del éxito que estaba teniendo la feria, y que en su tiempo escuché rumores de que quizá iba a durar un tiempo más, sabíamos que no iba a durar mucho más. O sea, sí, trae alegría al lugar y le da una imagen distinta al conocido centro de carretes, pero con esa feria la comuna no ganaba plata. Las discos le dan artos ingresos a la comuna, si pagan impuestos y no creo que sean muy baratos”, cuenta Tomás, otro vecino.
Ahora cuando las personas pasan el domingo por la plaza se encuentran con un lugar totalmente muerto. Hay un par de personas sentadas en las bancas conversando. Los que no faltan son los fieles asistentes que no les basta con carretear toda la semana, gente mayor que siempre están tomando. Claro que no toman cualquier cosa, su buen vino tinto en caja y ahí pasan sus domingos borrachos con sus compadres.
Aunque fue una buena propuesta y tuvo éxito esos dos meses de vida, la plaza sigue viviendo no por sus buenas ideas e innovaciones, vive por el carrete y eso es lo que la caracteriza. Poner una feria de vez en cuando puede ser una distracción, pero lo que gana en el territorio son las fiestas y mientras las discos sigan en ese lugar, las noches en San Enrique van a seguir siendo vivas. Las ferias pudieron darle un cambio de aire y tratar de cambiar la imagen un tiempo.
Artesanos, competencias de ajedrez, obras de teatro, comida típica chilena, recuerdos de chile, puestos con dulces, jugos, lugares para pintarse la cara, juegos y un castillo inflable. Eran una de las cosas que uno podía ver los domingos entre los meses de octubre y diciembre en 1999.
Reconstruyamos el lugar en 1999. Foto de un sábado en la noche en la plaza es ver mucha gente haciendo filas para entrar a las discos, tomando sus mamaderas o haciendo desorden. Peleando por cualquier cosa (efectos del alcohol), fumándose un pitito, gritando y bailando hasta el amanecer. Se cierran los lugares y empieza a salir el sol.
Cuando ya es de mañana, las personas empiezan a llegar para preparar sus puestitos en la feria, cada uno con su espacio. A las once abren. Empiezan a llegar familias de distintos lugares de Santiago para poder pasar una linda tarde familiar entretenida y al mismo tiempo cultural. Los niños se pasan a pintar las caras, van a probar los juegos. Van a ver las obras que se están presentando, compran distintos tipos de artesanías que venden. Pensar que la noche anterior el lugar era todo lo contrario. Carrete, adolescencia y mucho alcohol. De la noche a la mañana se cambió por obras, juegos y juguitos.
Los vecinos de la plaza son los principales testigos de lo que pasa todos los días en el lugar. ¿Qué más agradable que despertarse en la mitad de la noche por el ruido y las peleas? Pero también cuentan de cómo era la plaza cuando no era puro carrete. “Ese año fue genial. Me asomaba por la ventana y veía la plaza llena de niños con sus familias riéndose y pasando un momento agradable. Se notaba preocupación por la cultura y no se veía la plaza solo como un lugar para carretear como ahora”, cuenta Margarita, una vecina.

“O sea, fíjate. Uno mira la plaza ahora los domingos y está muerta. Pasan algunas micros, gente caminando, pero ya no viene nada de gente. Igual los entiendo, para qué van a venir si no hay nada que hacer. Lo único que hacen acá son las fiestas durante toda la semana, es impresionante el cambio, la actividad que se ve en la plaza en la noche y en el día. La noche repleta de personas, colas para entrar a las discos y en el día con suerte pasa un angelito”.
Pero como dice el dicho, de lo bueno poco. La feria que había en la plaza, siempre se supo su fecha de término. Empezaba en octubre y terminaba en diciembre. Dos meses dedicados a la cultura. En los diarios no era noticia el carrete en la plaza, era noticia la obra que se iba a estrenar en el domingo cultural, esperando qué sorpresa traería esta vez Marta Ehlers, la alcaldesa de ese tiempo.
“Independiente del éxito que estaba teniendo la feria, y que en su tiempo escuché rumores de que quizá iba a durar un tiempo más, sabíamos que no iba a durar mucho más. O sea, sí, trae alegría al lugar y le da una imagen distinta al conocido centro de carretes, pero con esa feria la comuna no ganaba plata. Las discos le dan artos ingresos a la comuna, si pagan impuestos y no creo que sean muy baratos”, cuenta Tomás, otro vecino.
Ahora cuando las personas pasan el domingo por la plaza se encuentran con un lugar totalmente muerto. Hay un par de personas sentadas en las bancas conversando. Los que no faltan son los fieles asistentes que no les basta con carretear toda la semana, gente mayor que siempre están tomando. Claro que no toman cualquier cosa, su buen vino tinto en caja y ahí pasan sus domingos borrachos con sus compadres.
Aunque fue una buena propuesta y tuvo éxito esos dos meses de vida, la plaza sigue viviendo no por sus buenas ideas e innovaciones, vive por el carrete y eso es lo que la caracteriza. Poner una feria de vez en cuando puede ser una distracción, pero lo que gana en el territorio son las fiestas y mientras las discos sigan en ese lugar, las noches en San Enrique van a seguir siendo vivas. Las ferias pudieron darle un cambio de aire y tratar de cambiar la imagen un tiempo.
"La feria fue linda mientras duró, la plaza tenía mucha vida de día. A veces me iba
a dar una vuelta con mis hijos para que se entretuvieran un rato y se despejaran. Para que tuvieran un domingo distinto. Pero esta plaza siempre va a existir por las discos que hay acá. O sea, sin ellas, nadie la conocería y estaría muerta día y noche", dice Marcela. 








